Veinticuatro horas Dios me regala
Como veinticuatro surcos del
campo
Me confía con amor su heredad
Para que cultive su sementera
Con sacrificio y responsabilidad
Pues al Señor no le agradan
Los campos baldíos ni el holgazán
El tiempo perdido ni la vida
inactiva
No le gustan las higueras
estériles
Ni los surcos vacíos.
El que siembra el día de hoy
Pues alegre cosechará mañana
Sementeras de dicha, sementeras
de amor
Pues al que trabaja lo bendice
Dios.
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