(Eclesiastés 9, 7-12)
Anda, pues, come tu pan alegremente y bebe
gustoso tu vino, porque Dios ha bendecido tus trabajos. Lleva siempre ropas blancas y que nunca falte
el óleo para perfumar tu cabeza. Goza de
la vida con tu esposa/o que amas, todos los días de tu vida fugaz, pues esa es
tu parte durante todo el tiempo que te afanas bajo el sol.
Haz todo lo que esté a tu alcance y que te
sientas capaz de hacer; porque en la morada de los muertos a donde tú vas, no
hay trabajos ni problemas, ni conocimiento ni sabiduría.
Aún he visto esto bajo el sol, que la
carrera no la ganan los más rápidos, ni la lucha los que tienen más fuerzas; no
hay más pan para los sabios, ni más riquezas para los inteligentes, ni más
favores para los entendidos. Pues para
todos se da la ocasión y la mala suerte.
Nadie sabe cuándo vendrá su hora: a los hijos de Adán los sorprende la
desgracia como al pez que queda preso en la red o como el pájaro sobre el cual
cae la trampa.
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