Solo
el Señor sabe, cuantas lágrimas han brotado de tus ojos. Todo lo que viviste y sufriste a consecuencia
de tantas circunstancias. Pero hoy
quiero decirte que Dios no ignora las vicisitudes de tu vida. No estás solo. Él está a tu lado y cambiará tu lamento en
baile y levantará testimonio donde no lo hay.
Porque en el Señor vivimos, nos movemos y existimos.
“Señor
Jesús te pido en este momento que con tu poder sanador abraces a este hermano
que está leyendo. Te pido qué suplas sus necesidades”.
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