En mis
momentos de angustia y soledad, siempre solía decir: a veces quisiera que el
tiempo se detenga, que las hojas del calendario lleguen a su final; porque
cuando el alma se llena de quebranto y angustia es presa fácil de la tristeza y
de la soledad. Más el destino me
arrastra o tal vez sea yo quien lo arrastre tras de mí, mis pies tras un
incierto horizonte me enrumban, quizá hasta cuando marche al más allá.
No todo es alegría ni tampoco todo es gozo, somos también
parte de un mundo lleno de iniquidad que tarde o temprano nos arrastra a la
desesperación y al sufrimiento. Y más
triste se torna aún cuando un mundo de ilusión y de falsas esperanzas, se
derrumban y sucumben el alma y el corazón en un tormentoso torbellino de
ansiedades que nos hunde en el fango del dolor.
Triste panorama y oscuro horizonte es el diario vivir del
que sufre, quizá a veces sin motivo, es que sin fe y esperanza en Dios esta
vida tan solo es un espejismo, en donde quizá se delira y a gritos se clama
justicia, clemencia y piedad. Tal vez
consecuencia sea del ambicioso deseo de conquistar el mundo y por muchos
errores quizá fui conquistado por él.
Más desde el fango, a meditar me puse y saqué todas las
fuerzas desde las mismas entrañas de mi ser, porque no podía ser abatido por
las tormentas que quizá yo mismo construí.
Asumí una actitud mental positiva y dije: a cual Lázaro en el fondo de
la fosa, “levántate y anda” es mejor reír que llorar, es necesario caer
pero es victoria sobre la iniquidad
levantarse, es mejor dar y no tan solo esperar recibir. Levanté la mirada al
cielo, y mire un rostro sonriente y bueno que dispuesto a levantarme estaba y me dijo: tranquilo, basta de llorar
y sufrir; yo al mundo te mandé a sonreír y ser feliz, de qué te preocupas hijo
mío, ¿cuál es tu preocupación? Que acaso te falta algo en la vida, porque yo
todo te di, más fuiste ciego y quejumbroso, que no has podido descubrir las
maravillas que para ti con amor hice en mi creación. Tal vez el llanto innecesario por cosas vanas
de esta vida ciegan tu mirada y no te permiten deleitarte con los tesoros que
en tu alrededor existen y que a cambio de nada te regalé. Basta ya de sufrimiento, basta ya de llorar,
que no entiendes que esta vida es pasajera y muy pronto a mi retornarás.
Camina por el sendero ancho o angosto me dijo, pero
alegra tu rostro e inunda de felicidad tu corazón, no te esfuerces de buscar la
dicha en cosas vanas de la vida, no te angusties por cosas que luego te
llenarán de desilusión, recuerda que a cada día le basta su propio afán, no
trates de atesorar riquezas en la tierra, recuerda que en este mundo eres ave
de paso, eres volátil y efímero y muy pronto volarás al infinito, a donde
existe el verdadero amor, en donde no hay llanto, tristeza ni dolor.
Se generoso y útil con mis hermanos que más necesitan,
ten presente que al mundo yo te mande a servir y más no a ser servido, cuando
te capacites y obtengas sabiduría, no la pongas al servicio del mejor postor
por amor al dinero, tu siempre debes estar al servicio de los demás. Da de ti lo mejor y jamás esperes recompensa
de nadie para que no sientas frustración, pues a veces las perlas preciosas se
arrojan a los cerdos que no saben valorarlas, más si eres de corazón generoso
yo te recompensaré el ciento y el mil por uno, porque todo lo que haces por mis
hermanos, por más pequeño y humilde que sea a mí me lo haces.
Adelante entonces hijo mío, levanta la cabeza vuelve a
empezar, deja la nostalgia y el tormento, vuelve a sonreír, deléitate con las
estrellas del firmamento, sonríe con los rayos del sol, congráciate con las
caricias del viento y las olas del mar, disfruta de una tarde de lluvia por más
crudo que sea el invierno, sé feliz con el otoño y salta y grita en la
primavera y ten presente que todo llega y todo pasa, y que es mejor sonreír que
llorar.
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