El mundo
se divide en dos: el mundo de los que aman y el mundo de los que vegetan. Al lado de acá, los previsores guardadores de
sí mismos, los muy cuerdos, incapaces de una corazonada, de un sacrificio
extraordinario. Al lado de allá, los
manirrotos del ideal.
La
gente demasiada práctica sólo entiende de negocios pequeños. Las grandes empresas son para los soñadores.
Los
cuerdos, según el mundo, pasan, mueren y se pudren sin dejar huella. Los locos a lo divino, abren camino, nunca se
apagan como nunca se apaga Dios que es “Luz del mundo”.
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